
Fué el taller de Reciclaje y Creación de Ernesto Iriarte el que causó más expectación.


El primer día, el aula era un caos, estaba lleno de cosas que aparentemente no servían para nada, pero, al terminar la semana los alumnos salían con objetos completamente útiles y además con la gran satisfacción de haber despertado parte de su creatividad.
